A pocos días de que ruede el balón en el Mundial de la FIFA 2026, México enfrenta una crisis de gobernabilidad gestada durante años. La amenaza de la CNTE de boicotear el evento con bloqueos y la quema simbólica de balones no es un arrebato gremial espontáneo: es la consecuencia lógica de un gobierno, el de Andrés Manuel López Obrador, que entregó el poder educativo a cambio de lealtad política.
Durante su sexenio AMLO necesitaba desactivar cualquier foco de protesta que pudiera empañar su imagen. La CNTE, históricamente la facción más beligerante del magisterio, fue su principal beneficiaria. Estos son solo algunos de los episodios que evidencian la entrega:
La cancelación de la Reforma Educativa (2019): Su primera gran decisión fue derogar la reforma de Peña Nieto, que establecía evaluación docente y promoción por méritos. En su lugar, impuso un sistema donde la CNTE recuperó el control de plazas y escalafones, regresando a los vicios del corporativismo más rancio.
La entrega de la SEP a la exdirigente de la CNTE (2022): Nombrar a Leticia Ramírez como secretaria de Educación Pública fue el acto más simbólico de sumisión. Una mujer que había liderado paros, tomas de casetas y plantones de meses, pasó a diseñar las políticas educativas desde el escritorio presidencial. La CNTE dejó de ser un contrapoder para convertirse en el poder mismo.
Perdón y olvido a los líderes encarcelados: En lugar de fortalecer el Estado de derecho, AMLO impulsó liberaciones y amnistías para líderes de la CNTE detenidos por daños patrimoniales, evasión fiscal o motines. El mensaje fue claro: «Si eres de los nuestros, la ley no te toca».
Presupuesto millonario sin rendición de cuentas: Durante el sexenio, la CNTE recibió transferencias millonarias desde gobiernos estatales, sin fiscalización real. Se descubrieron desvíos hacia cuentas personales de líderes, casos que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) documentó pero que nunca fueron sancionados.
El blindaje al fraude magisterial: Mientras miles de maestros quedaban fuera por no cumplir requisitos, la CNTE logró la «reincorporación automática» de más de 15,000 profesores que habían sido dados de baja por irregularidades en plazas (herencia de plazas inexistentes, doble contratación, etc.). Todo ello a pesar de la creación de la Unidad Del Sistema Para La Carrera De Las Maestras Y Los Maestros (USICAMM).
El chantaje ha funcionado en cada momento crítico: Cuando hubo pandemia, la CNTE presionó para cobrar salarios completos sin dar clases virtuales. Cuando se discutió el Presupuesto 2023, amenazaron con tomar las 32 capitales. En cada ocasión, AMLO ordenó ceder. La lección fue devastadora: la violencia política funciona.
Hoy, esa lección se materializa en la amenaza más descarada: sabotear el evento deportivo más importante del mundo si no se les otorgan nuevas concesiones. No se trata ya de plazas o sueldos; se trata de un poder absoluto que les permite paralizar al país a voluntad.
Los líderes de la CNTE han declarado abiertamente: «Sin garantías de que no habrá reformas que nos afecten, el Mundial no se juega». Han bloqueado avenidas en el Centro Histórico, derribado estatuas de futbolistas y quemado playeras oficiales del torneo. Han invitado a normalistas de Ayotzinapa y a madres buscadoras a sumarse.
El mensaje es tan cínico como efectivo: o se les entrega más poder, o la imagen internacional de México se va al traste. Y el gobierno actual se encuentra atado de manos, porque la estrategia de AMLO no fue desarmar al monstruo, sino alimentarlo.
Más allá de la CNTE, la forma de gobernar de López Obrador creó un caldo de cultivo para el chantaje gremial:
La política de «abrazos, no balazos» aplicada al crimen organizado también se aplicó a grupos de presión. El gobierno dejó de usar la ley contra bloqueos, tomas de edificios y extorsiones colectivas. La CNTE lo entendió mejor que nadie: si no hay consecuencias, la protesta violenta es el mejor negocio.
Al debilitar al INE, al INAI y a la Fiscalía, AMLO envió la señal de que las reglas se pueden violar si hay poder político de por medio. La CNTE simplemente copió el modelo: «Nosotros también estamos por encima de la ley».
Al centralizar todas las decisiones en Palacio Nacional, eliminó cualquier mecanismo de contrapeso. Cuando la CNTE bloqueaba casetas en Michoacán o Chiapas, no se llamaba a la mediación del Poder Judicial o del Legislativo; se llamaba al secretario de Gobernación, que siempre llegaba con una concesión bajo el brazo.
AMLO se jactaba de «no usar la fuerza». Pero lo que hizo fue institucionalizar el chantaje: cada plantón, cada bloqueo, cada incendio de vehículos era respondido con «mesas de diálogo» donde los líderes radicales salían victoriosos. El mensaje fue claro: la violencia es la vía más rápida para que el gobierno te escuche.
Andrés Manuel López Obrador se autodefinió como un humanista y un pacifista. Pero la realidad es que su forma de gobernar fue una de las más débiles y complacientes frente a los grupos de choque. No construyó instituciones; construyó dependencias. No impartió justicia; impartió prebendas.
Hoy, la CNTE no es un sindicato, es prácticamente un poder fáctico que decide cuándo se mueve el país y cuándo no. Y lo más grave es que este monstruo fue incubado en el sexenio que prometió acabar con el «régimen de privilegios». ¿Cuál fue el cambio verdadero? Solo cambiaron los dueños de los privilegios.
Mientras el mundo se prepara para festejar el deporte, México tiene secuestrada su propia capital. La CNTE boicotea no porque tenga razón, sino porque aprendió que la violencia funciona y que la impunidad es la regla. Ese aprendizaje se lo debemos a un presidente que prefirió entregar el poder antes que ejercerlo con autoridad legítima.
Bienvenidos al legado de la Cuarta Transformación: un país donde los más radicales mandan, las leyes se negocian con plantones y el Mundial puede detenerse por unos cuantos encapuchados.
En 2006 la entonces oposición satanizó al gobierno de Oaxaca por haber aplicado la Ley en contra de los líderes del magisterio que obligaban —y obligan— literalmente a los trabajadores de la educación a asistir a marchas y plantones y, sin importarles la educación, dejan las aulas por el tiempo que sea necesario para intentar obtener concesiones excesivas si las contrastamos con las condiciones de trabajo de cualquier otro gremio.
Mi gobierno, cumpliendo con su responsabilidad constitucional, hizo valer el estado de derecho para proteger a la niñez oaxaqueña y al pueblo de Oaxaca afectado por el magisterio, manipulado y controlado por sus dirigentes corruptos que al final huyeron del país con los bolsillos llenos de dinero.
La CNTE encontró ahora su oportunidad dorada con el Mundial de Futbol y mantienen como rehén a la Ciudad de México donde Brugada y Sheinbaum les dan el mismo trato que al crimen organizado: no los tocan. Aún más, en lugar de hacer valer la Ley, sin titubeos ni dobleces, Claudia justifica el vandalismo señalando a infiltrados inexistentes, pues desconoce a los sectores más radicales del magisterio cuya forma de actuar ha sido la misma durante décadas.
Haber entregado el poder a la CNTE tiene un alto costo. Las concesiones que tendrá que hacer Sheinbaum irán más allá de la desaparición de la USICAMM, el control de AMLO para la asignación de plazas, y podría llegar incluso a la derogación de la Ley del ISSSTE punto central de las demandas de la CNTE. Al tiempo.