La semana pasada, Citlalli Hernández “renunció” a la Secretaría de las Mujeres, una de las dependencias más emblemáticas del gobierno de Sheinbaum, para irse a Morena a coordinar “las alianzas y las candidaturas” de cara a las elecciones de 2027. “Casi me voy de espaldas”, dijo la presidenta, como si no supiera de qué se trataba. Mentira. Todo estaba orquestado desde Palacio Nacional. Citlalli no se fue de manera espontánea; fue enviada directamente por la jefa del Ejecutivo a tomar el control de la maquinaria electoral del partido oficial. Lo que Sheinbaum le encargó no es menor: desde la recién creada Comisión Nacional de Elecciones y Alianzas, Hernández definirá quiénes serán los candidatos de Morena, pactará con sus aliados del PVEM y el PT, y se asegurará de que nada —absolutamente nada— escape al control del círculo presidencial.
Así, sin ningún rubor, Claudia Sheinbaum se ha convertido en la presidenta de facto de Morena. A la usanza del PRI más rancio —ese que tanto criticaban desde la izquierda hace apenas unos años—, la “primer morenista” manda línea, designa operadores y utiliza todo el aparato del Estado para garantizar que su partido no pierda el poder en el 2027. Tampoco es casualidad que haya ordenado a todos los funcionarios con aspiraciones electorales que renuncien a sus cargos para “no mezclar gobierno y campaña”, mientras ella misma mete las manos hasta el codo en la operación política del partido guinda.
Mientras el gobierno nos receta recortes y sacrificios, los lujos se pasean sin disimulo por las altas esferas del poder. José Ramón López Beltrán, el hijo mayor del expresidente Andrés Manuel López Obrador, fue captado hace apenas unas semanas disfrutando de un hotel de lujo en Cozumel, en plena temporada vacacional. Pero no es la primera vez. Las imágenes y los reportajes lo muestran manejando una camioneta Cadillac Escalade valuada en más de tres millones de pesos, usando sandalias Gucci de 16 mil pesos, comprando en tiendas italianas como Loro Piana y vacacionando en exclusivos centros de esquí en Aspen.
¿De dónde sale el dinero para tanto dispendio? Él dice que es asesor privado, pero la ciudadanía no es ingenua. El contraste es escandaloso: un gobierno que nos pide apretarnos el cinturón, mientras sus allegados y familiares se bañan en champagne. La doble moral morenista no conoce límites.
Pero el caso de José Ramón no es un hecho aislado. En agosto de 2025 se revelaron facturas del viaje de Andy López Beltrán —el hijo más influyente del exmandatario— a Japón. Una sola cena le costó más de 47 mil pesos, en un país donde la comida callejera es deliciosa y económica. Y no fue un viaje de trabajo precisamente: los recibos muestran hoteles de lujo, transportes privados y gastos que cualquier mexicano de a pie tardaría años en ganar. Mientras tanto, el gobierno presume recortes en las partidas de salud y educación. ¿Dónde está la congruencia?
Todo este movimiento tiene una razón de fondo: el miedo. Morena sabe que las elecciones intermedias de 2027 serán una prueba de fuego. Se renueva la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y cientos de ayuntamientos (clave para el control territorial). Perder la mayoría calificada en el Congreso sería un golpe mortal para el proyecto de la 4T. Por eso, Sheinbaum ha decidido tomar las riendas del partido con mano firme: no está dispuesta a dejar nada al azar. El movimiento de Citlalli Hernández es solo la punta del iceberg de una estrategia que busca apuntalar las alianzas y disciplinar a las bases y deja claro que a Sheinbaum le preocupa la supervivencia del régimen y no el bienestar de la gente o la misma democracia.
La pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿cómo podemos confiar en la limpieza del proceso electoral del 2027 si la propia presidenta usa los recursos del Estado para operar desde el partido? Ella dijo que no participaría en Morena, y hoy es la jefa máxima de su estructura. Esta injerencia directa viola el espíritu de la Constitución, que manda separar el gobierno de los partidos. Lo que viene no es una contienda equitativa, sino una elección de Estado donde el dinero público, los programas sociales y la maquinaria gubernamental se pondrán al servicio de la reelección del oficialismo.
Pero aquí es donde la oposición debe dejar de perder el tiempo y aprovechar la oportunidad. Las encuestas ya muestran que, si se une, puede ganarle varias gubernaturas a MORENA en estados como Campeche, Michoacán y San Luis Potosí. La ciudadanía está harta de la soberbia, del dispendio disfrazado de austeridad y de un gobierno que dice ser “del pueblo” pero actúa como una nueva casta divina.
Es momento de que todas las corrientes que se oponen a Morena —desde el PAN y el PRI hasta sociedad civil organizada— dejen de lado sus mezquindades personales y construyan una gran alianza. No se trata de revivir viejas estructuras, sino de proponer a los mejores hombres y mujeres, gente honesta y capaz, como candidatos para el 2027. La suma de todos es la única vía para darles una verdadera batalla al oficialismo y recuperar la esperanza de millones de mexicanos que ya no creen en el cuento de la 4T.
El reciente triunfo opositor en Hungría nos deja una lección clara y poderosa. Durante años, Viktor Orbán parecía invencible, blindado por su control del sistema. Orbán gobernó como lo hace MORENA: eliminó contrapesos, prometió el combate a la corrupción pero, en los hechos, corrompió más el poder; asaltó el poder judicial y los órganos autónomos. Sin embargo, la oposición logró una victoria aplastante, obteniendo incluso la mayoría calificada. ¿Cuál fue la clave de su éxito? La oposición húngara cerró filas contra el gobierno.
Por ello, la unidad de nuestra oposición es más crucial que nunca, para construir un frente común que, al igual que en Hungría, canalice el hartazgo popular hacia una opción creíble de cambio, demostrando que ningún poder, por más arraigado que parezca, es eterno.
No se trata de odio ni de venganza. Se trata de recuperar instituciones, de devolverle la dignidad a la política y de garantizar que quienes gobiernan rindan cuentas de verdad. La alianza opositora no debe ser un pacto de élites, sino un movimiento ciudadano que ponga por delante el interés nacional sobre el interés partidista. Construyamos juntos una plataforma sólida, con perfiles honestos y propuestas claras. El 2027 no es solo una elección más: es la oportunidad de poner un alto a este gobierno que gobierna para unos cuantos, que predica honestidad mientras sus operadores y familiares nadan en la opulencia, y que confunde el poder del pueblo con el poder de un partido autoritario.
Se trata de recuperar La Paz de México hoy ensangrentada, provocada por el pacto del gobierno federal con el narco que se extiende a gobiernos estatales, municipales, al poder legislativo federal y estatales y que alcanza incluso al poder judicial federal. Se trata de recuperar la inversión que genera riqueza y empleos, la confianza para invertir. Se trata de desarrollar polos turísticos que generen miles de empleos, de recuperar el aeropuerto —que estará entre los 10 mejores del mundo— en Texcoco que necesita el centro del país para desarrollarse, para invertir en infraestructura carretera acorde al desarrollo de México, para tener un sistema de salud aceptable con médicos enfermeras y medicinas que brinde atención oportuna a más de 40 millones de mexicanos que gracias a AMLO ya no lo tienen, para terminar de una vez por todas con la pobreza y dejar de ver a los mexicanos como retrasados mentales que reciben dinero a cambio de sus votos. La mejor manera de cambatir la pobreza es darle trabajo a la gente, ofrecer a todos una educación de calidad, cuidar el medio ambiente hoy masacrado por el gobierno federa. Mexicanos ustedes deciden. Solo hay que votar y cambiar a México. ¡Sí se puede!
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