Y como no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se llegue, se terminó el primer año del segundo piso de la cuarta transformación. Se cumplen siete años de la demolición de las instituciones democráticas y del asalto de los tres poderes antes autónomos. Siete años de concentración de los poderes en el ejecutivo. Siete años de tentaciones autoritarias en la ruta del desastre nacional.
El oficialismo, para el cual incluso el peor descalabro es un éxito o, cuando menos una consecuencia del pasado neoliberal, todo festeja. Mientras millones de mexicanos, recordando un poema de Mario Benedetti nos preguntamos: señora presidente, ¿de qué se ríe?
El “primer piso” como eufemísticamente llama el gobierno de Sheinbaum al de su antecesor y maestro López Obrador, se construyó sobre arenas movedizas, con una débil cimentación. Los caprichos de AMLO prevalecieron sobre la lógica, la prisa le ganó la partida a la planeación, a los estudios técnicos, a los socioeconómicos y al cumplimiento de las normas medioambientales.
El ego y la ambición sustituyeron a la obligación de hacer un buen uso de los recursos públicos en los “megaproyectos” —en los que el prefijo mega viene más bien del tamaño del robo que familiares, amigos y servidores públicos cometieron al amparo de adjudicaciones directas y nula transparencia— para dejar al país una refinería costosísima que no refina; un Tren Maya que además del enorme ecocidio que dañó seriamente a la selva maya y muchos de sus cenotes, no operaría sin recursos fiscales o un aeropuerto que no resolvió las necesidades del país como lo hubiera hecho el que arbitrariamente canceló AMLO y que seguimos pagando a pesar de su cancelación.
El fracasado combate a la corrupción de AMLO que más bien fue su perfeccionamiento que cada día que pasa nos sorprende, ahora si con otros datos, como el involucramiento de autoridades de la marina en el huachicol o con el “García Luna” del hermano del expresidente, el otro López, el líder de la organización criminal “La Barredora”.
Sobre ese primer piso, mal cimentado como dije, se cumplió un año de trabajos en el segundo piso. La economía del país no crece, la inseguridad se percibe creciendo en sentido contrario al discurso oficial, la libertad de expresión es una quimera, la división de la población promovida desde las mañaneras del pueblo crece, el país tiene dos caras opuestas: la del discurso morenista y la realidad aplastante que no se parece en nada a la primera.
La sana democracia que se fortalece en el debate de las ideas, desaparecida por la débil representación del PRI el PAN y MC, que navegan entre la comodidad y el miedo con pocos destellos de oposición y muchas muestras de complicidad, voluntaria o no, con el gobierno.
De lo poco que podríamos festejar está el hecho de que no se han atrevido a eliminar el derecho de los mexicanos a proponer y construir nuevos partidos políticos. Una vez cada seis años se abre esa puerta para poder dar voz a nuevos proyectos políticos que abonen a la pluralidad de ideas y enriquezcan el debate público para representar en el gobierno a los que no estamos de acuerdo con el rumbo que viene tomando México con la cuarta transformación.
Es tiempo de dejar de criticar al gobierno desde la comodidad de nuestras casas o en las mesas de los cafés y pasar a ser protagonistas de un cambio que lleve al país al sitio que le corresponde en el concierto de las naciones. Es el momento para concretar un nuevo partido político que represente la voluntad de construir un país seguro, justo, sin pobreza y con empleos suficiente y dignos para todos, una nación fuerte en la que sea el trabajo el que saque de la pobreza a la población que la sufre y no los recursos públicos, como hace morena. Un país unido en torno al crecimiento sostenido y sostenible, que proteja al medio ambiente.
Eso es lo que proponemos en México Nuevo Paz y Progreso, el partido que quiere abanderar las causas más sentidas de la ciudadanía, más allá de ideologías y de las divisiones, un partido que acabe con la creciente descomposición del tejido social y nos vuelva a unir como mexicanas y mexicanos todos, con los mismos derechos.
Te invitamos a ser parte de este proyecto para el rescate de la nación. México Nuevo Paz y Progreso es la opción que prioriza el bienestar de las familias, la seguridad de los inversionistas y el desarrollo ordenado y sustentable del país. Si compartes la visión de un México con empleo, legalidad e infraestructura de primer mundo, únete a nosotros.
Imagina tú también un México nuevo con paz y progreso, y únete a la plataforma ciudadana que miles de mexicanas y mexicanos honestos estamos construyendo, llamando a los teléfonos: 55-5606-1894, 55-2924-5017 o 55-2837-3193 o descarga a tu teléfono celular la aplicación Mi Apoyo del INE y afíliate desde tu celular.
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